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Elevar tus estándares: Decir que no a lo bueno, para esperar a lo mejor

El día de ayer tuve que hacer una de las llamadas telefónicas más difíciles a las que me he enfrentado. Tuve que decir que no a lo bueno, para esperar a lo mejor...

Hace unos días un grupo de amigos y yo, cenábamos en uno de esos Restaurantes Buffete Brasileños donde pones una ficha en verde para indicar que das permiso para que lleguen a tu mesa a ofrecerte un centenar de cortes de carne. —Personalmente nunca he sido bueno para los buffetes, soy de esos que al segundo plato ya se llenaron —.

Cuando nos dispusimos a cenar, yo empecé a decir que sí a todo lo que me ofrecieran (jaja), entonces un amigo me dijo: »Yo voy a decir que no a lo bueno, para esperar a lo mejor». Y sus palabras me quedaron tatuadas en la mente. — Eventualmente disfrutó sus muy buenos cortes de carne, porque pudo decir que no a lo bueno, en espera de lo mejor. Y esa metáfora me quedó muy marcada, porque creo que en ocasiones esa misma situación llega a nuestras vidas en forma de: Trabajos, parejas, proyectos, hábitos, etc.

Dios no se ha equivocado contigo y tu vida es parte de un plan y un propósito más grande.

Déjame decirte que Dios no se ha equivocado contigo y tu vida es parte de un plan y un propósito más grande, que sólo lograrás descubrir acercándote a Dios a través de su palabra, que es la Biblia. ÉL, ha acomodado todo tu caminar de tal manera que te ha guiado hasta donde te encuentras el día de hoy. La Profesión que te ha dado, los talentos que te ha dado, las pasiones que ha germinado en lo más profundo de tu ser y cada una de tus experiencias profesionales, trabajos, ascensos, fracasos, despidos y éxitos. Todas esas experiencias te han hecho el ser único que eres HOY:

—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre;
antes de que nacieras, te aparté
y te nombré mi profeta a las naciones.

Jeremías 1:5 NTV

Tuve que hacer una de las llamadas telefónicas más difíciles a las que me he enfrentado:

Dentro de la analogía del primer párrafo, el día de ayer tuve que hacer una de las llamadas telefónicas más difíciles a las que me he enfrentado. Tuve que decir que no a lo bueno, para esperar a lo mejor. Inicialmente recibí una llamada telefónica donde me hicieron una atractiva oferta de trabajo en el Departamento de Marketing de un corporativo presente en nuestro país y Estados Unidos; me comentaron que tenían autorizado un incremento del presupuesto para el salario de ese puesto, me ofrecían todas las prestaciones y que si me interesaba, ese puesto era prácticamente seguro y para mí. Le dije la verdad a la persona con la que hablé y le pedí el fin de semana para meditarlo, para el lunes hablarle por teléfono y hacerle saber mi decisión. El detalle es que hace 3 meses me interesaba, pero hoy mis estándares eran otros porque había decidido elevarlos, y ya no hacía match con mi visión a largo plazo, ni con mi misión/propósito de vida, que es: SERVIR PARA AGREGAR VALOR Y AGREGAR VALOR PARA SERVIR. Tomar ese trabajo yo lo veía como:

  1. Únicamente servirme a mí, no a la empresa (y sabía que iba a ser una elección con la que no me habría sentido cómodo); pues sería una decisión guiada por el dinero y el corto plazo.
  2. Que mi misión y propósito de vida no encajaran con ese trabajo y tener que dejarlos fuera de la ecuación.
  3. Interrumpir el proceso de trabajo de Dios en mi vida. Algo que he visto en estas últimas 2 ó 3 semanas de proyectos y colaboraciones con distintas causas a las que tengo el gusto de AGREGAR VALOR a través de mi vida y de lo que hago. Y eso me llena bastante porque es ahí donde se cumple el objetivo.

Porque es un proceso incómodo que me mantiene dependiente de Dios, por lo tanto que eleva mi fe, eleva mis estándares y veo un crecimiento: espiritual, personal, profesional, intelectual y económico.

Al final tomé el teléfono, me armé de valor y llamé el lunes para agradecer y declinar con amabilidad, haciéndole saber esta persona que era una de las decisiones más difíciles que me había tocado enfrentar, pero al final lo hice. Al hacerlo sentí una profunda paz sabiendo que mi decisión estaba fundamentada en: Mi misión/propósito de vida, en mi visión a largo plazo y en mi fe durante el proceso pues sé que Dios ha estado trabajando, está trabajando y seguirá trabajando a través de mi vida en este camino.

Al final, todo valió la pena…

El jueves por la noche platicaba con un amigo que hace 14 años se enfrentó a esa decisión; escalar en puestos públicos con sueldos atractivos con cada vez menos tiempo para su familia o construir desde cero un negocio que no limitara la fe de lo que Dios podía hacer en su vida, del tiempo para su familia y de su crecimiento a nivel personal. En ese tiempo y hace 14 años, él le planteó a su esposa la idea de emprender este negocio con el propósito de elevar sus estándares en todas esas áreas donde podía verse límitado y ella tomó la valiente decisión de apoyarlo y trabajar doble turno en lo que cosechaban los resultados de haber dado pasos de fe. Y después de 14 años él me confirmaba que no se arrepentía en lo absoluto de la decisión que había tomado y de haber puesto sus sueños en las manos de Dios.

Mi amigo me decía: »Muchas veces, habrá tentaciones o situaciones disfrazadas de bendición, pero no permitas que te desenfoquen de la visión. Al final la obediencia a Dios siempre trae bendición»:

Fíjate en el sendero de tus pies,
y todos tus caminos serán establecidos.
No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
aparta tu pie del mal.

Proverbios 4:26-27 (LBLA)

Conclusión…

Elevar tus estándares siempre te llevará a una mejora continúa y ese es un camino que cambia tu vida; porque con ello crece tu fe, crecen tus resultados, crecen tus hábitos y crece tu plenitud. Cuando decides elevar tus estándares y lo haces tomado de la mano de Dios, es cuando pasas de ser Emprendedor a un FEmprendedor y tu vida da un giro, cambia y no vuelve a ser igual.

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Darius Torres

Darius Torres

Confiando a Dios y en sus pasos. Agrego valor y hago Marketing.

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